Conversando con las estrellas….


En una calurosa y despejada noche de verano, me encuentro sentado a la orilla de una banca a solas, para variar sigo sin algo importante que hacer, mas que alimentar mi abrumada e insípida soledad, con la ausencia de entusiasmo en conjunto con mi desdeñable actitud involuntariamente negativa.

Un viento ligero proveniente de alguna parte del mundo acaricia sutilmente mi rostro, pretendiendo mitigar de alguna manera el sofocante calor que por instantes me agobia aunque intento no tomarle la mayor importancia.

Las estrellas brillantes y solitarias en el ocaso del oscuro cielo nocturno de mayo, me brindan su compañía, pocas veces les presto atención pero esta noche parecen estar singularmente pendientes de mis emociones, como si me psicoanalizaran desde las alturas impetuosamente.

Mis pensamientos, desordenados por el estrés y aturdidos por la confusión, encuentran en la inmensidad de la noche, un camino tenuemente iluminado, simulando una claridad fundamentada en la sapiencia de lo ya conocido, tan necesaria como inconmensurable. Las ideas dan inicio a un proceso de organización ipso facto tan efectivo que me resulta inverosímil la facilidad con la que todas estas tareas en conjunto parecen cobrar vida.

Una vez que las estrellas en el firmamento muestran el camino que mis pensamientos deben seguir, mi antes imperiosa necesidad de confianza subyugada por el sofocante estrés surge de la nada con una aparente fuerza inquebrantable, llenándome de un invasiva energía renovada.

Mi imaginación, tan celosa como posesiva, se siente ofendida por no haber sido invitada a esta inesperada reunión del pensamiento y aparece repentinamente con nefasta actitud reclamando su lugar en la mesa, queriendo abrirle paso a los anhelados sueños del futuro.

Todo este súbito torbellino de emociones no capturaría mi asombro si no fuera por una pequeña, lejana y centelleante estrella en el cielo infinito que parece mirarme fijamente reflejándose en el iris de mis ojos con una, hasta hoy desconocida pero sin duda majestuosa intensidad.

Ideas, pensamientos, emociones, deseos, sueños, firmemente enmarañados en una contienda campal por dominar mi cabeza, ven en ese particular punto brillante una guía para esclarecer el camino y llevar esta discusión a buenos términos sin siquiera pretenderlo.

El sueño y el cansancio comienzan a vencerme, recuesto mi cabeza en el frió respaldo de aquella vieja banca, cierro mis ojos por un momento y mi imaginación me envuelve en una fantasiosa utopía en la que mi espíritu es el líder inesperado en aquella reunión del pensamiento que comparece para mediar y proporcionarle una solución al conflicto en mi intelecto.

Las ramas de un árbol cercano bambolean y se resquebrajan por el viento, su estremecedor sonido me hace despertar repentinamente finalizando aquella insólita congregación del pensamiento dejándome con la duda del curioso e inesperado resultado.

A pesar de todo, al despertar me doy cuenta que las estrellas son las únicas que aun no me abandonan, en especial aquella que me sigue observando fijamente iluminando con su suave e imperceptible intensidad mi camino como si cuidara de mi sueño.

Esos son los gratos momentos que mi soledad aglomerada con las estrellas le regalan a mi pensamiento, pequeñas historias que quizás nunca llegaran a ser contadas pero siempre trataré de compartir…

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