El tiempo lo cura todo


Escribo estas palabras para desahogar la tristeza de mi espíritu, la tinta que emana de mi pluma, al ser desplazada sobre el papel dejando su imborrable huella, simula las lágrimas que caen sobre mi rostro mitigando el dolor de las heridas impalpables en mi alma.

El tiempo, ese eterno sanador de las heridas mas profundas en mi interior, mantiene su constante paso hacia el inevitable mañana, dejando atrás el pasado irremediable con rumbo al futuro desconocido. Con él, viaja el dolor de mis cicatrices, mientras mis mayores esperanzas mantienen vivo el palpitar de mi corazón, que aunque sigue desconfiado a causa de los malos tratos recibidos, se muestra valiente buscando alguna manera de poder confiar de nuevo.

Pasan los días y el sentimiento de extrañar se transforma en solo viejos recuerdos, dejando de lado el dolor, predisponiendo a la voluntad a empujar fuerte y continuar hacia adelante.  El pasado deja de importarle al corazón, las heridas sanan, la desconfianza cede, el interés en dejar de perder eso tan valioso e irrecuperable a lo que llamamos tiempo se vuelve una prioridad.

El invierno ha llegado, con ese acostumbrado frío casi nostálgico como fiel compañero, incentivando a que afloren los recuerdos de épocas pasadas, esos fragmentos de vida que al unirlos forman parte de la historia escrita hasta hoy. Esa historia del pasado que se ha vuelto imborrable, los errores y aciertos en las decisiones tomadas a lo largo del camino, el sabio tiempo se ha encargado de transformarlos en experiencia.

Continúo detallando estas remembranzas mientras la pluma y mi mano se conjugan en un solo ser, desplazándose sobre el papel al compás de las palabras que dictan mis pensamientos. Mi cuerpo, un poco mas viejo y cansado sigue dispuesto a continuar escribiendo más páginas en la historia de mi vida. Percibo que me resulta difícil cerrar algunos capítulos que han dejado de ser necesarios en mi historia, porque por más que lo desee, ya no puedo reescribirlos.

Recuerdos de la niñez, vivencias de juventud, experiencias en la madurez, solo son algunas de las páginas que conforman mi atiborrado libro de recuerdos.

El tiempo, tan sabio, como histórico e incontenible, el digno maestro de nuestras enseñanzas de vida, con su regla única e indebatible de un pasado histórico, un futuro misterioso, y un presente remediable, nos enseña a vivir solo un instante a la vez, el aquí y el ahora es lo único que esta en nuestras manos poder cambiar, para convertirnos en unos expertos al tomar decisiones, disfrutando sus beneficios y asumiendo las consecuencias.

Aprendemos a recordar lo bueno y olvidarnos de lo malo, el tiempo es imparcial y tajante, solo sigue su camino sin dar marcha atrás, siempre puntual, brindanos una oportunidad a cada minuto de cambiar nuestro destino sin garantizar nada, solo la muerte. 

Nacer, vivir y morir, la historia de todos los seres humanos que habitamos la tierra, nuestro tiempo esta en esas tres palabras, aunque algunas veces nos olvidamos de vivir, porque el nacer no lo decidimos y el morir es inevitable, solo vivir es lo que importa…

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